Acelero, freno, claxon. Acelero, freno, claxon. Claxon, claxon, recto. Acelero, acelero, acelero.
Historia de un letrero
Iba caminando por la calle cuando de pronto me encontré con un indigente pidiendo limosna en la calle. Tenia un letrerito que decía “ayúdeme, soy ciego”. Lo cierto es que nadie le dejaba una sola moneda. Era deprimente.
Tomé el letrero y escribí un nuevo texto en la parte de atrás. Suelo traer un plumón en mi bolsa para estas ocasiones. Es raro, pero la gente no acostumbra llevar plumones en sus bolsas, y uno que si tiene un plumón en la bolsa es tachado como loco.
En fin, dejé el letrero en el piso, procurando que el nuevo texto estuviera de frente y a la vista de todos. Lo curioso es que el nuevo mensaje del letrero hizo que el indigente recibiera más limosna de la que había soñado en su vida.
El letrero decía: “Puto el que no coopere”.
La homofobia en México no tiene límites…








