Estas fueron mis pesadillas del otro día. Curiosamente, una seguida de otra, con principio y fin muy bien marcados:
Pesadilla uno: Estoy esperando un microbús en una avenida muy culera (parecida al Bordo de Xochiaca), cuando de pronto noto que tengo una agujeta desabrochada. Me agacho para amarrarla cuando de pronto, me veo rodeado de cuatro malandrines que también se agachan como si fueran a marrarse las suyas. Sospecho gachamente de ellos, veo que mi micro se acerca e intento pararme, pero… ¡mis piernas no reaccionan! Después no pasa nada y comienza la pesadilla dos.
Pesadilla dos: Esta más bien es un sueño pacheco. Me veo rodeado por el equipo de doctores que compite para ganarse un puesto dentro del equipo del Dr. House, todo ocurre igual que el último capítulo que vi, cuando de pronto me enojo y les digo “no mamen, esto es un sueño y ya se lo que pasa en este capitulo porque lo acabo de ver… obvio, no es lupus, pendejos”, y entonces entra la doctora Cudy y comienza a filosofar acerca de los sueños, “es que muchas veces, lo último que hacemos en el día se queda fijo en tu mente y se manifiesta en tus sueños, como cuando estudias para un examen y sueñas con los temas que acabas de ver”. Yo le doy la razón y comienzo a comentarle acerca de los sueños recurrentes que he tenido, donde siempre estoy buscando una dirección o esperando un autobús o a que llegue alguien, o hablando por teléfono pero sin poder escuchar bien, y entonces ella comenta que en realidad era la primera vez que soñaba eso, pero que dentro de la estructura del sueño había recuerdos que, aunque parecen reales, son parte de ese mismo sueño. Justo cuando voy a preguntarle si ya se la había chupado al Dr. House, comienza la tercera pesadilla.
Pesadilla tres: Estoy cruzando la calle con mi novia, casi nos atropellan unos camiones pero no nos pasa nada. Ella me dice “apúrate, que quiero presentarte a mi amiga”. Volteo al otro lado de la calle y resulta que su amiga es Ana Claudia Talancón. Llegamos al lugar donde se encuentra su amiga y resulta que esta se ha transformado en Irán Castillo. Me presento con ella y se me queda viendo con cara de “¿quién es este pendejo?” y entonces interviene mi novia y se ponen a platicar un rato de cosas indescifrables. Al final, mi novia le muestra un anillo, yo le pregunto si ese anillo se lo di yo y ella me dice “¡No mames, nosotros no somos así!” y yo me quedo bien tranquilo. Entonces un camión se sube a la banqueta, nos atropella y comienza el sueño cuatro.
Pesadilla cuatro: Estoy en un concierto de rock con una banda muy extraña. El lugar del concierto es una especie de teatro con asientos de abajo hacia arriba, por lo que yo, que estoy en la última fila, no puedo ver nada. Alguien dice “vámonos pa’l frente, que va a tocar un sonic youth mexicano” (¿?), la gente se arremolina hacia adelante y yo me frustro porque no veo ni escucho nada, entonces veo que mis agujetas están desatadas, me agacho para amarrarlas y… ¡Mis piernas no reaccionan! Digo en voz alta: “¿Otra vez?” y me despierta mi propia voz.
Absténganse de comentar “ya deja las drogas” o “ya no cenes pesado” o "pinche David Lynch" y sáltense a la parte en que me cuentan su experiencia personal.