Mi cerebro es como un disco duro saturado de datos. Estoy en un momento de mi vida en que, si quiero guardar algo nuevo, tengo que borrar algo viejo. Y lo peor es que no puedo elegir qué se queda y qué se va, mi cerebro elije por si mismo lo que borra y los resultados casi nunca son buenos. Lo peor es que mi cabeza no conserva cosas que se podrían considerar como importantes y, por el contrario, decide guardar cosas de lo más inútiles.
Por ejemplo, no recuerdo casi nada de la tabla periódica de los elementos químicos, pero recuerdo canciones horribles de Limp Bizkit, cual mp3. No recuerdo cómo se llama el libro de Kant que leí en la universidad, pero me sé la alineación clásica de Bronco, y se que Ramiro no es de los miembros originales. No recuerdo la mayoría de mis cumpleaños (y se supone que fueron felices), pero si recuerdo programas de televisión bastante oscuros, como Superondas, las aventuras de Mari Ann, los rescatadores, David el gnomo, la magia de Titila, la ranita Demetán, un programa de comedia muy malo que se llamaba “y sin embargo se mueve”, etc.
También tengo un archivo de sabores ligado a mis recuerdos. Cada vez que tengo flashbacks de mi vida, siempre hay una comida de por medio. Recuerdo perfectamente a la señora que vendía papas afuera de la escuela, pero no a la mayoría de mis maestros. Recuerdo la boda de unos tíos… quién sabe quienes eran, pero el mole sabía muy rico. El más grande recuerdo que tengo de la primera vez que fui a Acapulco no es del mar, sino de la pizza bañada en salsa valentina cuyo sabor jamás ha sido igualado. Si todos hablan de algo que se supone me pasó y yo no lo recuerdo, seguro no hubo nada chido de comer ese día.
Como sea, si alguien sabe cómo borrar información no deseada del cerebro, hágamelo saber. Hay unos capítulos de la telenovela Muchachitas (la de los 90), que quiero borrar. No me interesa saber quién mató a Federico Cantú…